domingo, 12 de julio de 2026

TRABAJO BIEN TERMINADO

 
Esta mañana pudiera haber sido una mañana cualquiera, escuchando a Los Clidens (así los llamábamos allá por los años 70 cuando llegó a mis oídos la música de los inmortales Creedence Clearwater Revival), pero esta mañana ha sido especial; por primera vez he encendido el horno y éste me ha cocinado unas excelentes viandas; pongo la receta.

½ Costillar de cerdo ibérico

2 pimientos morrones

3 patatas

Serían las 9 de la mañana cuando lo he encendido, utilizando 4 piñas y unos trozos de carrasca. El horno ha ido cogiendo la temperatura ideal, a este punto habremos llegado a las 12 de la mañana; para que la carrasca no se sintiera sola, le metí un poquito de almendro, arde antes que la carrasca ya que, aunque la madera es dura, es más blandita que la carrasca (así llamamos en Orera a la encina).

Llegado a este punto, la mejor cocinera que conozco, mi Lucita, ha aderezado la carne con sal, unos dientes de ajo machacado con un buen vinagre de Jerez y una generosa copa de vino blanco, de Valdepeñas, todo en una bandeja de barro de Talavera de la Reina.  En otra bandeja mucho mas pequeña he puesto los pimientos embadurnados con una ligerísima capa de aceite (son suficientes unas gotas y con las manos extenderlo por todo el pimiento). 

Ambas bandejas han ido a parar a las entrañas del horno, el tiro del horno prácticamente lo tenía cerrado así como la entrada del aire, pues en un primer momento he observado que aún había un poco de humo de las brasas; bien pasados 10 minutos le he dado una vuelta a los pimientos (esto lo he repetido como tres veces en 25 minutos), pasado este tiempo los he sacado, pues ya estaban cocinados. En su lugar he metido las patatas sin añadirles nada, bueno miento mientras iba del horno a la mesa me marcaba unos pasos de baile con mis amigos Los Clidens.  A los 35 minutos, más o menos, he sacado la bandeja de la carne y le di la vuelta: esto es, lo que estaba de cara lo he puesto de culo y otra vez para dentro, madre mía que olor despedía, prometía un buen final. Mientras tanto limpiaba los pimientos de su piel, que se quitaba con muchísima facilidad y el horno hacia su trabajo con las costillas. Pasados otros 30 minutos le he vuelto a dar la vuelta, y bañado en su propio jugo, que color, que aroma, ¿como sabrá? me preguntaba...

Serían las 2 menos cuarto cuando la que más manda ya tenia preparados los pimientos para acompañar a la carne y a las patatas que ya estaban cocinadas. No me ha dejado abrir una botella de vino, yo le he hecho caso como casi siempre (no sé porqué).

Bueno, disfrutad con Los Clidens, con esta parrafada o con lo que queráis, pero por favor disfrutad…y ahora para terminar, desearos salud y anarquía.